Valor Esperado, secreto revelado para invertir con éxito

Escrito por Francisco Rocha

Tiempo de lectura: 6 minutos

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La verdad es que este es un concepto que no aprendí ni cuando estudiaba ingeniería en la universidad, ni ahora como inversionista. Realmente incorporé este concepto a mi vida gracias a mis años como jugador profesional de póker. Y es que el Valor Esperado (EV o Expected Value) es el concepto más importante que cualquier jugador profesional de póker necesita aprender para ganar en el largo plazo. Simplemente no puedes ser bueno si no entiendes en profundidad el valor esperado de tus decisiones.

 

Probablemente la lección de vida más valiosa que aprendí durante mis años como jugador profesional, fue haber aprendido a no darle demasiada importancia al resultado de mis decisiones. En vez de eso, mucho más útil es poner el foco sólo en tomar la mejor decisión posible. 

 

En el póker no puedes saber cuál será la próxima carta en caer sobre la mesa; tampoco sabes cuáles son las cartas que tienen los demás jugadores; sólo sabes cuales son las cartas que están en la mesa visibles para todos, y tus propias cartas. Luego, sólo en base a la información disponible, debes tomar la mejor decisión posible.

 

Para tomar decisiones de una manera profesional, si bien hay cosas que no sabes, lo mejor que puedes hacer es estudiar la probabilidad de que algunos eventos ocurran. Así por ejemplo, si no sabes cuál es la carta que está por salir, al menos podrías estudiar cuál es la probabilidad de que la próxima carta sea un as. Luego, dependiendo de la probabilidad de ocurrencia de los escenarios favorables y desfavorables, y considerando lo que arriesgas versus lo que podrías ganar, podrás tomar una decisión estadísticamente correcta. Esto puede que no te haga ganar dinero inmediatamente, pero asegura que en el largo plazo la balanza se incline a tu favor.

 

El resultado de tus decisiones y la calidad de tus decisiones son dos cosas totalmente diferentes. Por ejemplo, podrías tomar la decisión de seguir con el pie en el acelerador cuando el semáforo está en luz verde, lo cual sería una buena decisión, sin embargo igualmente podrías tener un accidente si por el otro lado un conductor pasa con rojo, o si el semáforo estuviera descompuesto.

 

Simplemente hay cosas en la vida que no puedes controlar, y por lo tanto ni siquiera debieran preocuparte. Sería una pérdida de tiempo y energía, que lo único que provocaría sería frustrarte y dificultar tu proceso de aprendizaje. Lo único que realmente merece tu esfuerzo es trabajar para mejorar la calidad de tus decisiones, independientemente del resultado de corto plazo. Así, si siempre estás tomando mejores decisiones, a la larga (y por consecuencia) tus resultados también mejorarán.

 

Cuando se trata de invertir, o en general tomar cualquier riesgo, mi aproximación a la situación poco tiene que ver con una cuestión emocional, lo que me permite dar pasos que a muchas personas les resultarían tremendamente incómodos.

 

Si pierdo dinero en una inversión no me quedo pensando en qué lujo podría haberme dado con ese dinero, o por qué fui tan tonto como para arriesgarlo. No digo que el resultado no me afecte absolutamente en nada, pero la verdad es que después de sacudir el polvo, muy rápidamente mi atención se dirige a lo que sí puedo controlar, y eso se limita exclusivamente a incorporar el resultado de mis decisiones en mi base de información interna para poder ocuparla la próxima vez que deba tomar una decisión. 

Lamentarme o autoflagelarme no ayudaría absolutamente en nada.

Esta mentalidad me ha sido útil en todo ámbito, y me ha permitido mejorar más rápido que lo que lo haría si tuviera que lidiar demasiado con la parte emocional de la situación. Y es que cuando el cuerpo está dominado por emociones como la ira, la frustración o la euforia, eso no le permite a la mente pensar con claridad y por lo general repercutirá en tomar peores decisiones.

 

En el póker, en las inversiones y en la vida, habrá momentos en que hagas todo bien, y las cosas aún así no saldrán como esperabas. Eso no debiera hacerte perder ni el foco ni el entusiasmo. Por otro lado, habrá momentos donde no tomarás buenas decisiones y aún así las cosas saldrán bien. En ninguno de los dos casos debieras permitir que el resultado afecte la objetividad del análisis sobre la calidad de tus decisiones. Si permites que esto ocurra, tu curva de aprendizaje será muchísimo más larga.

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El Valor Esperado (Expected Value) es un término estadístico que se usa para estimar cuál es el valor estadísticamente esperado en el largo plazo, de cualquier decisión, considerando un rango de probabilidades de ocurrencia de ciertos eventos.

 

Por ejemplo, supongamos que inviertes USD$1.000.000 en un pozo petrolero, que tiene el potencial de generar US$100.000.000, pero solo si después de realizar las perforaciones el resultado es exitoso. El geólogo a cargo del estudio concluye que existe un 20% de probabilidad de resultar exitoso el negocio y un 80% de probabilidad de que el pozo esté seco. ¿Harías la inversión?

 

Para obtener la respuesta matemáticamente correcta, el razonamiento que debemos hacer es el siguiente:

 

Si resulta exitoso ganaré 100 millones, esto ocurrirá un 20% del tiempo. Si resulta un fracaso perderé 1 millón, esto ocurrirá un 80% del tiempo. Esto es equivalente a decir que 1 de cada 5 pozos que perfore resultará exitoso, o dicho de otra forma, ganaré 100 millones por cada 4 que pierda. Un buen negocio, ¿no?

 

Si pudiéramos saber exactamente cuál es el valor esperado de nuestra decisión podríamos tomar decisiones con la certeza y seguridad que sólo un respaldo teórico-matemático te puede entregar. Esto es justamente lo que separa a los profesionales de los amateurs. 

 

Vemos como se ven los números de esta decisión de inversión:

 

Valor Esperado = 20%*US$100.000.000 - 80%*US$1.000.000

 

Valor Esperado = US$20.000.000 - US$800.000

 

Valor Esperado = + US$19.200.000

 

Lo anterior significa que considerando tanto la probabilidad de éxito como de fracaso, el valor esperado de mi decisión de tomar el negocio es de +US$19.200.000, por lo que es totalmente rentable invertir, a pesar de que lo más probable es que termine perdiendo 1 millón de dólares. Si los cálculos de probabilidad del geólogo son correctos y nos mantenemos constantemente tomando decisiones basadas en los cálculos de valor esperado, en promedio, al cabo de un tiempo, habremos ganado una cifra muy similar al valor esperado teórico. 

 

Revisemos otro ejemplo:

 

Un amigo te propone un juego. Lanzarán un dado de 6 caras y cada vez que salga un 1 o 6 tu amigo te pagará $500. Cada vez que salga otro número tendrás que pagarle $100 a tu amigo. ¿Aceptarías el juego?

 

Respuesta matemáticamente correcta:

 

Probabilidad de que salga un 1 o 6 = 2 caras de 6 = 2/6 = 33,3%

 

Probabilidad de que salga otro número = 4 caras de 6 = 66,6%

 

Valor Esperado del Juego = 33,3%*$500 - 66,6%*$100

 

Valor Esperado del Juego = $167 - $67

 

Valor Esperado del Juego = +$100

 

Lo anterior significa que considerando tanto la probabilidad de éxito como de fracaso, el valor esperado de aceptar el juego es de +US$100, por lo que es una decisión rentable.

 

Ahora te dejaré algunas preguntas para reflexionar: ¿Qué pasaría con tus emociones, si en el juego del dado, después de 100 lanzamientos, terminas perdiendo una gran cantidad de dinero? ¿Crees que tu reacción emocional podría afectar la calidad de tus decisiones en el futuro? 

 

A veces la suerte estará a tu favor y otras veces estará en contra. Lo importante es que si constantemente tomas buenas decisiones, la balanza tarde o temprano se inclinará a tu favor. 

 

Como inversionistas nunca encontraremos oportunidades de inversión 100% seguras, pero eso no debiera detenernos. Un verdadero inversionista no busca seguridad; simplemente busca una relación rentable entre el riesgo y el beneficio, es decir, oportunidades de inversión cuyo Valor Esperado sea positivo. 

 

Aprender esta lección es una de las cuestiones más importantes en tu carrera como inversionista profesional. Si te fijas, esta herramienta no sólo te sirve para conocer el valor esperado de tus decisiones de inversión, sino también es la piedra angular de un poderoso control emocional, aplicable a cualquier situación en la vida.

 

Entender profundamente el concepto de valor esperado te permitirá dejar de lado cualquier emoción que afecte tus decisiones. Si las cosas salen mal tendrás la tranquilidad de que tú tomaste la decisión correcta y que simplemente cayó el dado en el número equivocado. Por otro lado, tendrás la serenidad para asimilar un buen resultado como parte de lo esperable, dejando de lado cualquier emocionalidad que pudiera hacerte creer que eres invencible y afectar tus futuras decisiones por exceso de confianza.

 

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